La CASA del CATEQUISTA tiene una HISTORIA

  • Descubramos en esta entrevista, cómo se gestó la idea de tener una Casa.
    • Nadie puede amar aquello que no conoce, por eso, como estamos felices de tener una Casa, compartimos un reportaje al P. Alejandro Puiggari, quien amorosamente respondió a nuestras preguntas. El P. Alejandro fue Director de la Junta Catequística Arquidiocesana hasta hace dos años, y en el hoy nos sigue acompañando en la catequesis de la región Buenos Aires. Descubramos en esta entrevista, cómo se gestó la idea de tener una Casa.

      ¿Por qué y para qué una Casa del Catequista?
      Esa misma pregunta me hacía yo cuando, en una reunión de Junta de Catequesis, Clara Braun de Peña, que por entonces representaba al área niños, pidió que la Junta dejara de tener como sede un despacho para tener una casa, como lo tenían otras diócesis como Rosario o Morón. Después de haber compartido más de 15 años en la Casa del Catequista me surge una doble respuesta: para que quienes tienen la tarea de animar la pastoral catequística diocesana tengan una experiencia comunitaria fuerte, facilitando ser “usina” y “fogón” del quehacer de los catequistas de la diócesis a través de diversas iniciativas.

      ¿Cómo se fue gestando el proyecto? ¿sus desafíos, sus fortalezas, sus dificultades?
      Ante el pedido en esa reunión de Junta que hice mención, les propuse que le pidieran públicamente en el EAC al Cardenal Quarracino la Casa del Catequista, convencido de que iba a quedar más en un deseo público que en una realidad. Pero, con gran sorpresa mía, al año siguiente, en el marco del EAC, el Cardenal Quarracino nos sorprendió con el otorgamiento de la Casa del Catequista de la calle Guatemala. Fue un tiempo de mucho trabajo, de mucha ilusión, de mucha providencia. Después, de una primera adaptación edilicia, llego el desafío de ir constituyendo “La Casa” en un lugar de referencia y pertenencia para los catequistas. Dificultades… muchas! Por un lado, el tema económico de siempre; y una vez que se fue acrecentando, fue la de evitar que la Casa nos encerrara en un pequeño grupo que nos adueñáramos de una pastoral que fundamentalmente la hacen y forjan los catequistas de las parroquias y colegios. Por otro lado, los cambios que se han ido dando en la cultura con la irrupción de internet y los nuevos desafíos de la pastoral urbana que hacen que los espacios físicos adquieran otras significaciones.

      ¿Cuáles fueron los primeros pasos para conseguir el solar de Guatemala 5674?
      Salvo el pedido público de dos minutos en el plenario del EAC del 1994 de Clara Braun no hubo ninguna otra gestión, porque literalmente yo me oponía, me parecía una locura. Gracias a Dios, el Señor no me hizo caso, y la generosidad del Cardenal Quarracino y el apoyo de Mons. Raúl Rossi hicieron realidad la CASA que ha sido una gran bendición para los años en que fui director de la Junta. Recuerdo que el día de su inauguración, el Card. Quarracino plantó un árbol, haciendo propia aquella tradición de la Biblia en la que la que en torno a la sombra de un árbol se congregaba el rabino con sus discípulos para enseñar y cuidar la memoria e identidad del pueblo de Israel.

      ¿Quiénes colaboraron en su génesis? ¿Cuáles fueron las primeras actividades propuestas? ¿Quiénes estaban a cargo?
      Ya en tiempo del Padre Leardi como director, cuando nuestro actual arzobispo, el Cardenal Poli, era miembro de la Junta por el área de adultos (1985) un joven llamado Daniel Torino solía insistir con un proyecto de una casa del catequista, sin tener demasiado eco su propuesta. Pero cuando inesperadamente el Cardenal concretó la cesión del predio de Guatemala 5674, la misma providencia fue acercando rostros de catequistas y voluntarios que le dieron calor y vida a una serie de iniciativas que surgieron en esta primera etapa. Seminarios especializados: Mateo 25, para capacitar a catequistas que acompañaban a personas en situación de dolor (enfermos, personas privadas de la libertad, niños en situación de riesgo), Santa Teresita, para complementar la formación de los catequistas de niños, Jesús Maestro, para complementar la formación de los catequistas escolares. Además fue la nueva sede del Seminario de Catequesis Especial Santa María de la Esperanza. Una vez al mes había una charla de actualización, y un taller anual para los coordinadores parroquiales. Los lunes se celebraba la Misa y dos veces al año, se realizaba un día de retiro. De tantos voluntarios y colaboradores es imposible no hacer mención de la Hermana Beatriz Sisti (Hermana Auxiliar Parroquial de Santa María) que hasta el momento de su muerte fue secretaria de la Junta y alma mater de la casa. Ella supo silenciosamente hacer presente en la Casa el bálsamo de la escucha paciente y del acompañamiento, no sólo para los catequistas que se acercaban, sino para todos los que colaborábamos en la Junta; yo, el primer beneficiado. También muy importante fue la presencia de Isabel Mugica, pedagoga y consagrada del movimiento de Schoenstatt que, con un gran amor a la Iglesia, estuvo al servicio de la catequesis escolar, ámbito ciertamente difícil, especialmente en lo que se refiere a su vinculación con lo educativo.

      ¿Es sede de la Junta Catequística? ¿Por qué?
      Porque se vio con el cardenal Quarracino, que era bueno sacar la Junta de un ambiente tan “curial” como el Arzobispado, y tratar de acercarla a los catequistas. Deseo que se vio confirmado con la llegada del Cardenal Bergoglio, quien en su primeras palabras a la Junta y a los catequistas nos exhortó “a salir de las cuevas”.

      ¿Cómo se fue adecuando la Casa a las necesidades pastorales? ¿Se hicieron reformas edilicias para ubicar a la Junta, los seminarios especializados y cursos de actualización?
      Con el trabajo de muchísimos voluntarios que literalmente hicieron de albañiles y de pintores, con la ayuda económica de un sacerdote español, Pedro Trevijano (hermano del padre Manolo por muchos años director del seminario catequístico Juan XXIII) y con un grupo de personas identificadas con la Casa que la sintieron y cuidaron como propia, muchas veces aportando tiempo, dinero y hasta los propios muebles de su casa.

      En sus tiempos de Director de la Junta Catequística: ¿Cuáles son los mejores y entrañables recuerdos que brinda la Casa?
      La Casa me dio una comunidad en que me ayudó a formarme como catequista en el contacto y trabajo común con muchos de ellos. Me enseñó lo bien que le hace al cura trabajar con los laicos. Y sobre todo me permitió compartir con otros hermanos la pasión por la catequesis y lo diocesano, el gusto por los “segundos lugares”, y la belleza de una iglesia servidora.

      Reportaje al Padre Alejandro Puíggari.

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